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CHAMPÚ CEREBRAL / HOY: MARLON BRANDO (VOLUMEN I).

Enero de 1979

 

Entrevistado por: LAWRENCE GROBEL

 

 

Muchos críticos y espectadores lo consideran el actor más grande del siglo XX, aquél que incluso cambió el estilo de las películas, el de mayor influencia entre 1950 y  1990,  el más imitado de su generación, etc. Marcó el comienzo de su carrera, golpeando nuestra conciencia con su musculosa blanca desgarrada, mascullando, mascando palabras, enojado, llamando a gritos a “¡Ste-lla!” en el rol de Stanley Kowalski, en Un Tranvía Llamado Deseo de Tennessee Williams, primero en las tablas de Broadway, después –y para siempre- en el cine.

No son pocos los que le quitan méritos por los últimos 20 0 30 años de su carrera, que arrancó en teatro en 1940 y cuya última y breve participación data del 2001, en el film The Score. Aunque son más los que recuerdan la genialidad, brillantez y perfección de interpretaciones históricas como la del Coronel Kurtz en Apocalypse Now, papel de no más de 20 o 25 minutos de duración, por el cual Brando se negó inicialmente a viajar a Filipinas, lugar de la locación, a pesar de haber cobrado un adelanto. Cuando el director Francis Ford Coppola logró convencerlo de ir a rodar sus partes, se presentó con la cabeza rapada y exageradamente gordo, lo que forzó a grabar sus escenas en medio de sombras, algo que no estaba originalmente previsto, pero que se adecuó perfectamente al tono sombrío y de locura que rodea al filme y que, finalmente, convirtió a la película, en una de las mejores que se haya filmado alguna vez acerca de los límites humanos que se exponen en una guerra.

Un hombre intensamente reservado, Brando siempre provocó reacciones y emociones que fueron más lejos de su posición, ya sea como actor o como activista político.

Se lo ha calificado como brillante, grosero, considerado, arrogante, bondadoso, egoísta, generoso, egocéntrico, abnegado, justiciero. Se ha convertido en un mito, una parte importante de la historia del cine. El actor mejor remunerado de su tiempo –recibió cuatro millones de dólares por un papel de diez minutos en Superman- y el más respetado y admirado por sus pares, es uno de los artistas del Olimpo de la Actuación a quién siempre se recurre como fuente original.

De 1950 a 1955 fue el astro de ocho películas, de las cuales las primeras seis, fueron absolutamente colosales: Vivirás Tu Vida, Un Tranvía Llamado Deseo, ¡Viva Zapata!, Julio César, El Salvaje y Nido De Ratas. Brando estableció el llamado “Método” entre los actores como una marca personal e indeleble.

Su enorme talento tuvo su primer reconocimiento público mundial, cuando ganó el Oscar a Mejor Actor por su papel de Terry Malloy, en Nido de Ratas, premio que aceptó. Dieciocho años más tarde obtuvo su segundo Oscar, por su recordado papel de Don Vito Corleone en El Padrino, pero para entonces la conciencia social de Brando había aumentado de forma dramática, y despreciaba los premios, negándose a aceptarlos, por lo cual solicitó a una india norteamericana que expusiese a la Academia y al mundo, el porqué de su negativa. A través de su carrera, siempre ha preferido hacer oír su voz en cuanto a cuestiones de relevancia social que a pronunciarse sobre el arte de actuar o el cine, abrazando causas muy alejadas del mundo de la fantasía. Participó activamente en distintas marchas de protesta y ha hablado a favor de los judíos, los negros, los indios norteamericanos, los oprimidos y los pobres, así como contra la pena capital, el fanatismo, los premios, la mayoría de los políticos y las organizaciones policiales cuando amenazan los derechos y las libertades individuales.
Brando estuvo casado en tres ocasiones y fue padre de nueve niños. Su primer matrimonio con Anna Kashfi fue públicamente tormentoso y duró dos años y el segundo, con Movita Castaneda, ocho. Su tercera esposa fue Tarita, la mujer tahitiana que interpretó a su compañera en El motín del Bounty (1960). A raíz de esa película, Brando se enamoró también de Tahití y adquirió Tetiaroa, un atolón de trece islas en el archipiélago, donde vivía unos cuatro meses al año, cuando sus obligaciones profesionales se lo permitían, y adonde se realizó esta extensa entrevista, de la cual publicamos ahora el primer volumen.
Creo que lo que más queda expuesto aquí, son la profundidad e inteligencia de Brando, además de una gran valentía para manifestar sus personales puntos de vista, sin importar contra quién fueran estos. Presten atención a la parte final. Es escalofriante el relato que hace de la suerte del indio norteamericano a manos del gobierno, y como sobrevuela el fantasma de Roca en la Argentina. La última respuesta es de antología.

 

 

 

LAS ENTREVISTAS Y LOS PROBLEMAS REALES / LA FAMA Y LOS DESEOS DEL PUBLICO

 

 

PLAYBOY: Esta isla que tiene es, sin duda, el lugar perfecto para conversar…sin teléfonos, visitas inesperadas, interrupciones.

BRANDO: Todo es muy elemental acá. Tenemos el cielo, el mar, árboles, cangrejos, peces, el sol…lo básico. En una época  yo era el único habitante acá, absolutamente solo en la isla. Me gusta de verdad estar solo. Nunca se me acaban las cosas en que pensar cuando estoy acá.

PLAYBOY: Cuando era niño en Nebraska ¿imaginó alguna vez que terminaría como dueño de una isla en los mares del Sur?

BRANDO: A los doce años ya lo sabía. En la escuela me aplazaban en cuatro de cada cinco materias y entonces pasaba horas en el salón de estudio, donde leía números atrasados del Nacional Geographic. Siempre sentí afinidad con estas islas. Después, en 1960, vine acá y todo confirmó, más o menos, lo que siempre había sabido.
PLAYBOY: Durante la mayor parte de su carrera usted ha evitado las entrevistas prolongadas, ¿por qué?
BRANDO: Me he arrepentido de la mayor parte de las entrevistas que me han hecho, porque no escriben lo que uno dice, o porque lo dicen fuera de contexto, o porque lo yuxtaponen de tal manera que no refleja lo que uno ha dicho. He leído tantas entrevistas con gente que no tiene mérito para dar respuestas aptas a preguntas que les hacen…sobre cuestiones de economía, descubrimientos arqueológicos en Toscana, la forma virulenta más reciente de la gonorrea…Yo solía responder a preguntas de este tipo y luego me preguntaba: “¿Qué diablos estoy haciendo? Es absolutamente ridículo que me hagan estas preguntas e igualmente ridículo encontrarme respondiendo a ellas (Ríe). No sé un bledo de economía, matemática ni nada. Y además, se puede decir algo dentro de un determinado espíritu, con una sonrisa, pero cuando aparece impreso, la sonrisa no está”.

Cierta vez, bajé a conversar  con varios periodistas del London Times y de todos los otros diarios. Hablé tres horas con ellos sobre el indio norteamericano. Todos publicaron fotos mías con traje de Superman y no escribieron sobre otra cosa que eso. Luego, muy de vez en cuando, y en una de las últimas páginas, “Bla, bla, bla, bla, el indio norteamericano”. Me quedé atónito. No creía que la calidad del periodismo de Inglaterra fuese tal que tuviesen que correr detrás de los billetes de esa manera. Me dio asco.

PLAYBOY: Pero no es muy sorprendente. Conseguir que usted hable sobre los indios norteamericanos no significa mucho como primicia, ¿no? No quiero menoscabar lo que tiene que decir sobre el tema, pero el hecho es que a cualquiera que lo entreviste le encantaría lograr que hablase además de otras cosas…de su actuación como actor, por ejemplo.


BRANDO: Que aspiración mezquina…Sé que si uno quiere animar un poco las cosas, las probabilidades son que la entrevista tenga mayor éxito, porque la gente la leerá. Será un poco más sugerente y pertinente…meter el dedo bajo la piel del verdadero Brando…lo que piensa y demás. Pero no pienso ponerme a los pies del público norteamericano y suplicarle que entre en mi alma. Mi alma es un lugar muy mío. Y me resiente un poco el hecho de vivir dentro de un sistema en el que hay que hacer esas cosas. Me descubro haciendo concesiones, porque en circunstancias normales yo no hablaría de nada de esto, que no es más que charla vacía.  No resulta apasionante, ni con significado, ni con sentido, ni tampoco tiene mucho que ver con la vida. Es un tipo de conversación para pasar el rato. Yo creo que el tema del indio norteamericano tiene suficiente interés para que no tengamos que hablar de otros. Pero tengo la vaga sensación de que usted sabe donde está la esencia de una entrevista comercial y lo que constituye una buena entrevista comercial no es necesariamente la que menciona al indio norteamericano. Para mí, es la única parte que tiene importancia.

PLAYBOY: Pero usted mencionó hace un rato a celebridades que hablan de cosas que no vienen al caso en cuanto al campo de sus actividades. Usted tiene pasión por los indios, pero donde se destaca es como actor.
BRANDO: Probablemente tengo un intenso resentimiento ante el hecho de que cuando la gente lo conoce tanto a uno, está conociendo a un actor idiota pero célebre, y no al hombre que es, alguien con otra visión, o con otra vida, o interesado por otras cosas. Esta parte idiota de la vida tiene que pasar al frente de otras que son las más fundamentales.

PLAYBOY: Pero una entrevista dedicada exclusivamente al problema de los indios terminaría inevitablemente por ser aburrida.

BRANDO: A mí me gustaría aburrir a la gente con el tema de los indios…ya que comienzo a creer que así sucede, que a todos les aburren de verdad esos problemas. Nadie quiere pensar sobre las cuestiones sociales, sobre la justicia social. Y son los problemas cruciales que enfrentamos. Es uno de los dilemas de mi vida. A la gente no le importa un bledo. Pregunte a la mayoría de los chicos algunos pormenores sobre Auschwitz o sobre la forma en la que asesinaron a los indios norteamericanos como pueblo y no saben nada. No quieren saber nada. La mayoría de la gente quiere sólo su jarra de cerveza, o su telenovela, o su arrorró.

PLAYBOY: Sea como fuere, puede estar seguro de que la gente tendrá interés en lo que sin duda dirá usted sobre injusticias sociales del pasado o del presente. Pero, ¿por qué no responder además a tópicos que, aunque no tan serios, son sencillamente interesantes…como, para tomar un ejemplo al azar, que la gran ambición de Marilyn Monroe fue desempeñar el papel de Lady Macbeth con usted como Macbeth?

BRANDO: Mire, usted va a ser el árbitro de lo que es importante y de lo que considera que deberían ser los ingredientes de esta ensalada de entrevista…Tendrá un poco de adorno, un poco de simpatía, un poco de las excentricidades de Marlon, vamos a levantar la tapa acá y bajar el ruedo un poquito allá y después hablamos de los indios. Pero hay cosas que usted sabe perfectamente que son importantes. El alimento es una de ellas, UNICEF es otra, la agresión humana, otra, la injusticia social en nuestros propios fondos, otra, la injusticia social en cualquier parte del mundo…Son problemas que debemos encarar todo el tiempo y hacer que otros los encaren también. Es posible que lo que le voy a decir no tenga sentido o soluciones, pero el hecho es que si todos comenzamos a hablar y a mirar esos problemas de frente, en lugar de que usted escuche mis opiniones sobre mi profesión de actor, que no vienen para nada al caso, puede ser que se haga algo. “cuando digo que no vienen al caso, sin duda no me refiero al dinero. Usted tiene que tener algo como una especie de anzuelo para el lector, de modo que si llega a la página 1 y lee lo que pienso sobre lo que pensaba de mí Marilyn Monroe, o cosas igualmente absurdas, la gente leerá eso y puede ser que yo pueda avanzar algo más lejos y que lean algo que no sabían sobre los indios.
PLAYBOY: ¿Cree usted que la atracción del público por su persona es algo efímero?
BRANDO: Hay una tendencia a que la gente convierta a todos en figuras míticas, sean buenas o malas. En el momento en que se desenvuelve la historia, se las transforma en mito. Hay quienes creen que Nixon es inocente (ya había sucedido el caso Watergate), que es un hombre refinado, noble, firme en sus propósitos, y que habría que restituirlo como presidente, porque no hizo mal alguno. La gente cree en lo que quiere creer, en gran medida. Gustamos a gente que no nos conoce personalmente y que cree que somos perfectamente extraordinarios. Y también la gente puede odiarnos, por razones que no tienen que ver con ninguna experiencia real relacionada con nosotros. Nadie quiere perder sus enemigos. Tenemos enemigos favoritos, gente a quien nos encanta odiar y que odiamos amar. Cuando hacen algo bueno, no nos gusta. Me sorprendí haciendo exactamente eso con Ronald Reagan. Para mí, es anatema. Si hace algo razonable, descubro que mentalmente estoy buscando alguna manera de interpretar esa acción de tal manera que deja de ser razonable. En algún punto se trata de un extremismo fanático.

Todos necesitamos esas fantasías acerca de quienes merecen nuestro odio. De esa manera, nos desprendemos de mucho de nuestro propio odio.

“Los Beatles son poco menos que nadie ahora. En un momento levantaban muchedumbres vociferantes que corrían tras ellos, mientras ellos temían por sus vidas y les preparaban túneles especiales para alejarse. Hoy pueden ir a pie a casi cualquier parte, porque desapareció la fantasía. Elvis Presley -abogatado, en decadencia, ídolo de adolescentes, con su súbita atracción de público a Las Vegas- no tenía nada que ver con la calidad, sino que era un simple mito. A la gente le conviene creer que algo es maravilloso y por lo tanto ella también es maravillosa. “Kafka y Kierkegaard son espíritus notables. Visitaron sectores apartados de la psiquis que nadie osó explorar antes que ellos…Para algunos, los héroes son ellos, no Elvis Presley.

  

LA ACTUACION, LOS PREMIOS Y LA MUJER

 

 

PLAYBOY: ¿Halla que ser actor es algo que vale la pena o que lo satisface plenamente?

BRANDO: Hay un cuco relacionado con la profesión de actor, que para mí no tiene sentido. Todo el mundo es actor, todos nos pasamos el día representando. Todo el mundo ha sufrido momentos en los que piensa una cosa y siente otra y no lo demuestra. Eso es ser actor. Shaw dijo que pensar es la mayor de las tareas humanas, pero yo diría que lo es el sentir. Permitirse sentir cosas, sentir amor o ira, odio, rabia…Es muy difícil para la gente enfrentarse a sí misma durante mucho tiempo. Escondemos lo que pensamos, lo que sentimos, no queremos herir a alguien, o bien queremos herir a alguien.

“Todos representamos, pues. La única diferencia entre un actor profesional y un actor de la vida es que el profesional siempre sabe un poquito más sobre actuar –algunos actores, por lo menos- y que le pagan por actuar. Pero en realidad a la gente en la vida cotidiana también le pagan por representar un papel. Tenemos una secretaria con mucho atractivo sexual y mucho encanto y ella lo sabe, de modo que se hará pagar bien por esto, confiera favores sexuales o no.

PLAYBOY: Pero al parecer existe una gran diferencia entre el actor profesional, que realiza su tarea en forma consciente, y la conducta subconsciente del no profesional.

BRANDO: Pues el libro sobre el arte de representar para los idiotas fue escrito por Dale Carnegie. Se llama “Cómo ganar amigos e influir sobre las personas”. Es un libro sobre el arte de vender. Actuar es lo mismo que vender algo. Algunos venden para obtener dinero, otros, para obtener poder. “Los que estaban en el gobierno durante la guerra de Vietnam trataban todo el tiempo de vender algo al presidente para que se aceptase su opinión y no la de otros y para que se implementase el curso de acción que ellos recomendaban. Era una comedia sin fin. No sé distinguir entre un tipo de profesión de actor y otro. Todos son lo mismo.

PLAYBOY: Pero hay veces en que es posible capturar momentos en una película o en una obra de teatro que son memorables, que tienen significado…
BRANDO: ¡Una prostituta es capaz de capturar un momento! Una prostituta puede darle a uno toda clase de sensaciones maravillosas y de nuevas experiencias y darnos la sensación de que ha llegado el nirvana en el avión de las dos, pero no se trata de que necesariamente sea verdad.

PLAYBOY: Ser gracioso no fue ciertamente su intención cuando mandó usted a una indígena a que rechazase su Oscar de la Academia por El Padrino, ¿no?

BRANDO: No. Creo que era importante que una indígena se dirigiese a esa gente  que se queda sentada sin mover un dedo, mientras borran a los indios de la faz de la tierra. Fue la primera vez en la historia que una indígena norteamericana habló a sesenta millones de personas. Era una oportunidad tremenda y sin duda yo no estaba dispuesto a usurpar ese tiempo, ni era apropiado que lo hiciese. Quedaba mucho mejor hablando en él una india. Se me ocurrió que una mujer provocaría menos hostilidad. Pero esa gente lo consideró como una interferencia en el santificado rito de la lisonja mutua.

PLAYBOY: ¿Considera usted que todos los premios son absurdos?

BRANDO: Por supuesto, son ridículos. Los optometristas van a recibir premios por crear armazones para anteojos originales, interesantes, admirables…cosas que se enganchan a la nariz, o que se sujetan a las axilas, para usar con atuendos de gala… ¿Por qué? Tenemos premios para periodistas de noticiosos, el Globo…deberían crear un premio para ese pintor zurdo tan rápido que pintó los decorados con la izquierda más rápidamente que nadie y que dejó caer mucha menos pintura en el suelo al pintar. Y luego el sindicato de carpinteros tendrá que asignar un premio al que es capaz de levantar un martillo de dos kilos y clavar dos clavitos al mismo tiempo.

PLAYBOY: Cuando le dieron el Premio por Humanitarismo, de la Asociación Nacional para el Progreso de los Negros en 1976, usted lo rechazó.

BRANDO: Sí, lo rechacé. Yo no creo en premios de ninguna clase. No creo en el premio Nobel de la Paz.

PLAYBOY: ¿Tuvo usted algo que ver con el movimiento femenino o con la aprobación de la enmienda sobre igualdad de derechos para la mujer?

BRANDO: No.

PLAYBOY: ¿Tiene alguna opinión?

BRANDO: Sí. Se trata de algo que tiene que aprobarse inevitablemente y me asombra que el sector de los negocios no haya comprendido que esa enmienda puede ser ventajosa para él, porque las mujeres de las fuerzas intelectuales pueden llevar a la producción pautas que le convendrían mucho. Cuando pensamos que una cifra aproximada del 75 % de los médicos en Rusia son mujeres y 30 por ciento de los jueces en Alemania también son mujeres, sólo nos supera Suiza en el punto de vista anticuado que ubica a la mujer en la cocina haciendo tareas menores.

PLAYBOY: ¿Qué le hace pensar que algunos estados no ratificarán la enmienda?

BRANDO: ¿Por qué odia la gente a los negros? ¿Por qué hay discriminación contra los indígenas? ¿Por qué en Dakota del Sur se refieren al AIM con tres palabrotas, en lugar de llamarlo por su nombre, American Indian Movement (Movimiento Indígena Americano)? La gente tiene temores inconscientes y ansiedades permanentes, quizás culpa, y abraza cualquier cosa como la gota de agua se abraza al vidrio. La gente tiene toda clase de prejuicios arraigados, odio acumulado en un lugarcito muy abrigado y no quiere que la lógica venga a desparramárselo.

PLAYBOY: ¿Qué es lo que tanto odian los hombres en las mujeres?

BRANDO: Creo que, esencialmente, los hombres les temen a las mujeres. Proviene de un sentido de dependencia respecto de ellas. Como los hombres son criados por mujeres, dependen de ellas. En todas las sociedades hay organizaciones que excluyen a las mujeres. Las sociedades bélicas de todo el mundo son famosas por esta posición. Proviene del temor a las mujeres. La historia está llena de referencias a las mujeres y su maldad, su peligrosidad. En toda la Biblia encontramos alusiones peyorativas hacia las mujeres. El solo hecho de que hicieran a la mujer con una costilla del hombre, como algo que sucedió impensadamente. El yo del hombre siente miedo frente a la mujer. Todos hemos cometido errores en este aspecto. Todos hemos sido culpables, los hombres, de haber visto a la mujer con los ojos del prejuicio.

PLAYBOY: ¿Y los derechos de los homosexuales?

BRANDO: Lo que me indigna es la falta de derechos aplicables a los niños. Esto tiene enorme prioridad sobre cualquiera de los derechos de otros grupos. Por alguna razón, nos sentimos superiores a los niños y también tenemos un sentido de propiedad frente a ellos. Las mujeres sienten por sus hijos lo mismo que sentimos nosotros frente a ellas. Es mío. Las mujeres del movimiento femenino, algunas de ellas, afirman que no son propiedad de su marido, pero luego, inconscientemente, aluden a sus hijos como “míos”.

 

 

POR FIN, LOS INDIOS

 

 

PLAYBOY: Dado su gran interés por el destino de los indios norteamericanos, ¿qué es lo que le resulta más chocante?

BRANDO: Lo que me resulta más chocante es que intentemos consistentemente extirpar a un pueblo entero de este planeta, y que no se haya hecho conocer al resto del mundo la exterminación silenciosa registrada a través de un período de doscientos años. Y que este gobierno bajo el cual vivimos haya privado sistemáticamente al indio de su vida, su libertad y su derecho a la felicidad. ¿Cómo diablos podemos hacer tal cosa al mismo tiempo que sofocamos la vida de la única cultura autóctona que ha existido en nuestro país? El gobierno de los Estados Unidos los mató, los despojó, les secuestró a los hijos y los redujo a la ruina. Esto es lo que me choca y me enfurece.

“Me da vergüenza ser norteamericano y ver a semejantes que, si algún significado tienen los derechos humanos, tienen todos los derechos a la tierra que habitan, así como a mayor cantidad de esa tierra aún. En la época de Colón había, según la Enciclopedia Británica, diez millones de indios. Ahora hay alrededor de un millón. Eran dueños de todo Estados Unidos. Hoy tienen muy poco que puedan llamar de ellos. Eran independientes. Ahora no tienen nada. Cada vez que un blanco quería una parcela de tierra perteneciente a un indígena podía apoderarse de ella. Así fue como se apoderaron de todos los valles, de los ríos, de toda la tierra fértil, de casi todos los bosques, se apoderaron de todo y no dejaron nada al indio. Nada, salvo recuerdos, y recuerdos bien amargos.

“si no los robaban mediante acciones militares, les robaban mediante tratados y promesas. Mentimos, embaucamos, estafamos. Estafa, estafa, estafa, nada sino estafa. Los estafamos. Matamos. Mutilamos. Matamos de hambre. Torturamos. Hicimos las cosas más horrorosas que es posible hacerle a un pueblo. No lo admitiremos, no lo reconoceremos, no figura en nuestros libros de historia, pero siento ganas de tirarme de los pelos cuando leo los textos de nivel secundario que resumen la destrucción de un pueblo en dos párrafos. “Nuestra relación con el indio no tiene precedentes en la historia. No hay ningún país del mundo que haya redactado tantos documentos solemnes, tratados, declaraciones de buena intención como los Estados Unidos, para romperlos más tarde. Ningún grupo de población ha aniquilado a otro en forma tan cruel y consistente como lo hicimos los norteamericanos con los indios. Se firmaron unos 400 tratados y no se cumplió ni uno sólo. ¡Es un récord! Es escandaloso, chocante, injusto y mucho más importante que saber si a mí me gusta levantarme por la mañana, meterme mi carnet sindical en el bolsillo, ir al estudio, maquillarme y hacer mi bailecito, pasando así el día jugando a algo. Hay algo obsceno en eso.

PLAYBOY: ¿Qué quieren los indios con el gobierno?

BRANDO: Muy sencillo. Que sus propias leyes tengan vigencia en su propia jurisdicción. Una restitución de las tierras que les fueron robadas. Soberanía, derechos de caza y pesca, eximición de impuestos. Que se restablezca su economía.

“Quieren nada más y nada menos que lo que tienen los judíos en Israel. A menudo hemos declarado en voz bien alta que los pueblos tienen derecho a la autodeterminación y apoyamos a cualquier país del mundo que decide ser una entidad independiente. Fuimos a Vietnam y matamos a millones de vietnamitas y millares de norteamericanos para probar que nuestras palabras no eran falsas. Las apoyamos con la fuerza. Ahora no estamos dispuestos a hacer restituciones al indio norteamericano porque no nos conviene. Restablecimos a los japoneses y a los alemanes porque queríamos ser una presencia en Asia y en Alemania. Y muchos nazis volvieron al poder para crear la organización que se opusiese  a los rusos. Pero el gobierno norteamericano se conforma con esperar que el indio se borre poco a poco de la historia y por fin desaparezca.

PLAYBOY: ¿Cree usted que realmente el gobierno norteamericano expropiaría, voluntariamente, tierra nacional para dársela a los indios, estableciendo una nación separada de nuestro territorio?

BRANDO: Claro. ¿Por qué no? En los Estados Unidos es probable que tengamos el menor número de habitantes por kilómetro cuadrado del mundo. Hay riqueza suficiente para que sea posible reestablecer a los indios como comunidades viables. Francia devolvió todas sus colonias. En su mayor parte, también lo hicieron holandeses, belgas y británicos. Algunos las devolvieron de muy mala gana, gritando, peleando, arañando. Otros las devolvieron porque adivinaron lo que les esperaba. Ningún indio tiene esperanzas de que la Santa María, La Pinta y La Niña remonten un día el río Hudson y todos nos trepemos a ellas y volvamos a nuestras cárceles en Inglaterra. Pero es lógico y razonable que esperen que los Estados Unidos hagan lo que hicieron casi todas las potencias coloniales.“Quisiera aclarar que yo no soy el vocero del indio norteamericano. Ellos tienen oradores, poetas, gente de talla gigantesca, gente capaz de hablar mucho mejor que la mayoría de los poetas que escriben hoy. Gente de una fluídez extraordinaria. pero a la que nunca le piden una entrevista para Playboy.

PLAYBOY: ¿Diría usted que los indios han sido víctimas de mayor discriminación que los negros antes de la sanción de la Ley de Derechos Civiles?

BRANDO: No es un concurso para ver a quien le duele más.

PLAYBOY: ¿Y los Misioneros? ¿Hicieron algún bien a los indios?

BRANDO: La Iglesia tiene una tremenda deuda con los indios. El gobierno pidió prestada a la Iglesia para civilizar, por así llamarlo, al indio. El objeto real era quitarle todas sus libertades y así se hizo. La Iglesia controlaba todo y sentados en un salón se dividieron las reservas indígenas como si fuesen pasteles. Los católicos acá, los protestantes allá, vos tomas esto, nosotros tomamos esto otro, a servirse, muchachos. Y todos fueron ahí en masa y comenzaron a usar la Biblia como un garrote, a su antojo.

PLAYBOY: ¿Si usted hubiese nacido indígena, cree, sabiendo lo que sabe, que sería militante?

BRANDO: Eso es como decir que si su tía tuviera pelotas sería tu tío. No sé como es ser indígena y sólo puedo imaginarlo. Y lo que imagino es que es bastante horrible ser indígena cuando a uno le importa ser uno, cuando le importa mantener su identidad de indígena, cuando le importa establecer la propia imagen frente a sus hijos. Pienso que viviría lleno de furia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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3 Responses to "CHAMPÚ CEREBRAL / HOY: MARLON BRANDO (VOLUMEN I)."

  1. Javi dice:

    Grandiosa entrevista, en especial la parte referente a los indios. Grácias.

  2. Guille dice:

    Gracias Javi! a mi tambien me fascina esa parte, la de los indios…saludos!

  3. Ferdie dice:

    Extraordinario. PlayBoy ha demostrado, una vez más, que el genuino periodismo reside en dar voz a quienes no tienen voz. Brando prueba que hablar de “la conciencia de la Humanidad” no es hablar en vano. Muchas gracias por hacer accesible esta entrevista.-

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